Posts Tagged ‘Zaragoza’

 
sombrero24

 

 

MORIR O MATAR

Me perdono la vida en cada
recuerdo que trazo como un suicidio,
he afilado las navajas de mi estirpe,
he cubierto mi cuerpo con satenes de guerra,
morir o matar empuñando el verbo como espada.

Piérdete conmigo, aquí estoy,
con mis edades tempranas henchido de silencios,
esperando que la noche borre mí sombra.

Mis ojos no se cansan nunca de mirarte.

Mis labios poseen el viento de tus besos
que en las tardes parpadeadas de sol otoñal,
me otorgan ese cielo particular
cuajado de todas las cosas hermosas de Dios.
Dulce tristeza que me reconoce.

Morir o matar, ser la palabra que persigue tu boca,
los silencios que planean
sobre tus senos de tierra hostil,
la húmeda sensación de lo prohibido.

He perdido la distancia de tu olvido,
el pasado reclama el crepúsculo de mis pies,
morir o matar, tendré que desterrarte de mi libro.

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sombrero23

 

AMOR O LOCURA

Amor o locura, en qué lado conservar la cordura.
La mujer leyó en los posos de mi sangre
como una falsa pitonisa de feria.
Era un domingo ceniciento.
Por las caderas circulaban manos
evadiendo controles de alcoholemia,
desnudando las carreteras de tu cuerpo.

No quiero todas las mañanas desertadas de la noche,
me conformo con una que te contenga a ti,
unos ojos, una luz que soporte nuestros ritos,
una boca que abarque el universo,
unos besos sin nombre.
Todo se repite.

Si tuviera una vida más allá de esta,
no me importaría morirla contigo.

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sombrero22

 

MISERABLE

Miserable amor que me aparta del poema,
miserable,
cada verso,
cada línea,
miserable como una Vía Láctea o camino
que recorre el universo sin encontrarte,
miserable.

La luna besa mis ojos cuando la olvido,
y en el globo ocular que habito,
miserable,
me tira piedras que delatan mi sangre.
Se ríe de mí. No es olvido.

El viento, miserable, preñado con tu goce
susurra palabras profundas
que solo te nombran a ti,
en las mañanas, miserables.
Quejándose.

Te reclamo desde el lecho descarnado de mi voz,
y tu luz se descuelga de mis sueños
miserables, traspasando mi dormitorio,
imitando su reflejo en la ventana,
mi risa cuenta la lluvia.
Y no es canto.

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sombrero21

DESPIERTO COMIENZO

No son suficientes mis ojos para mirarte,
mientras la noche teje sus historias sobre ti
susurrando versos incoherentes,
te vi, casi te estoy viendo,
semi-escrita en la niebla que oxida mi voz.
Despierto comienzo,
y las lágrimas se me borran de la memoria
con olor a incienso,
la herida es de mármol,
de cirios de piedra,
mi camino es el pálpito del corazón
para morir como el día,
en un parpadeo infinitesimal,
en una oración,
mordiendo el horizonte sin prisa.

Y queda tan lejos todavía el verano.

 

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sombrero11

 

 

HASTA LA TOTAL EXTINCIÓN

Desde este tiempo carnalmente homicida,
me llueven de golpe todas tus ausencias,
te amo de una forma tan innombrable,
que mis ojos no consiguen alcanzar
la noche enrollada en el silencio.

Las mañanas crecen escarchadas
en los pliegues de tu cuerpo,
el día es eterno en tus palabras,
que a dentelladas felices me muerden
el corazón extinguido en soledades.

Me crecerán lunas menguantes
en la galaxia de los labios,
hasta desaparecer tu sabor,
tú forma tatuada en mi pelaje
de animal prehistórico.

No me quedan armas
con las que cantarte en esta guerra,
sé que cada filo de cuchillo que te escribo
cercenara la epidermis de mi corazón,
mutilará la triste mueca de mi rostro agradecido
hasta la total extinción.

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sombrero10

 

 

PUÑALES

Retirad los puñales de mi espalda,
para que sangre por mis heridas
toda esa oscuridad que aprisiona a la tarde.

De mis heridas os salpicaran palabras
que tiznaran mi traje de carne primitiva.
La gramática me sobrevive
en una inusual explosión de locura.

Me quedare agarrado a mi desvarío,
gritándole al viento que no sabía
quien se oculta detrás de la mascara.

Retiradme los puñales,
taponad el verbo descontrolado y genital
mientras llorando, recojo mis silencios
para enfrentarme al miedo.

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dolor

DOLOR

 

Duele esta oscuridad de calladas sombras,
duele, se enquista, forma una capa impermeable
de nocturna soledad sobre mi cuerpo tendido, postrado,
incapaz de mover los ojos para mirarla de frente,
para cuajar mis retinas con sus estrellas,
luces que reclaman esas miradas de tiempos ancestrales,
donde los versos las recorrían
haciendo sonar sus campanas invisibles
como finos acordes de viento.
Duele ser inmensamente diminuto en ese firmamento,
perdido en la negra atmósfera que me abraza y constriñe,
dejándome sin aliento, sin vida.
Duele saberse irremediablemente triste
cuando se apagan las luces de la memoria,
despacio, tarareando las canciones de nostalgia.

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