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NO ME CABE

No me cabe en el corazón
la velocidad interminable de tus mañanas,
ni el mar cuajado de luz
que me regalan tus besos.

No me cabe en la geografía
descolorida del pecho,
el aire que te circunda y posee,
ni el rezo imperceptible de tus dedos.

No me cabe en el contorno de la piel
el tatuaje de tus caricias,
ni el otoño que nace
en las sombras de tu mirada.

No me cabe en los ojos
el dibujo de tu belleza reflejada por la luna,
ni la ancestral danza de tu vestido al acostarse.

Me cabe tu amor como un océano
de madrugadas en la boca,
impidiéndome morir de asfixia.

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CICATRICES DE TINTA

Es posada mi amor de esos versos
que riman sobre tu piel salvaje,
los lanzo como ósculo incompleto, besos
que se posan en tus labios con coraje.

Tus caderas de alas transparentes
responden a la lluvia del poema,
y clavan su espada de filos ardientes
poseyendo mi cuerpo como un anatema.

No tengo lunas que iluminen el soneto,
y que aniden en el pecho de tus vientos
pero puedo amar tus ojos, lo prometo.

Abren cicatrices de tinta mis manos
siempre adictas al sabor de los momentos,
líneas prisioneras de voces con sonidos hermanos.

 

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LA GUERRA DE LAS PALABRAS

En cual de las inútiles guerras
disparaste tu verso hermano poeta,
que torso acribillaste con tus disparos,
con tus lanzas emponzoñadas de verbo.

El machete locuaz deletrea la carne,
el corazón sigue latiendo fuera del pecho.

La muerte se ríe del beso de tu voz,
de la acuarela de tus palabras
que cae salpicando desde los ojos.

Hermano, los mercaderes de lo absurdo
venden sus bombas a bajo precio,
muerte incierta, desdén, coraje.

Es el otoño de los carnavales
que se acerca reptando por el tiempo,
la oración de los ausentes.

 

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SOY

Soy la sombra al borde de una palabra,
todo lo que apenas se ve
en las ajadas fotografías,
un velado instante detenido en un beso,
en la inmensa composición del universo.

Soy la tinta de este cauce que corre libremente
por el folio con sus alas de sombra,
emitiendo su canto como una ballena jorobada.

Soy la sinrazón cuerda o la locura controlada,
el mechón de cabello que cuelga sobre tus ojos
impidiendo ver la oscuridad intacta que nos nombra,
el otoño sin colores,
                                   sin vegetación,
                                                         sin hojas,
solamente cubierto de ceniza.

Soy el desamor y el amor
que torturas con el anonimato de tus caricias,
la muerte tatuada en una mano,
en alto, pidiendo silencio para estas palabras.

Soy el ausente oblicuo que te ama,
el presente con la palabra en la nada,
el río venal que fluye y desemboca en tu alma.

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NO ME DEBES RESPUESTA

 

 

Estoy esperando la invitación de tus besos
para prolongar mi vida.
No me debes respuesta.

La noche se demora con esa luz infinita
que pueblan tus ojos libres.
No me debes respuesta.

Tus párpados de ángel alimentan de aire
este pecho preparado para morir,
esta ofrenda de piel encallecida.
No me debes respuesta.

Aquí están tus besos,
colgados de mis fatigados labios,
en la negra soledad de esta noche
que me perdurará eternamente.
Recuérdame cuando éramos de piedra.
Y no me debes respuesta.

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NOSTALGIA

La nostalgia se aferra a mi disfraz de hombre,
cubre mi desnudez como una gabardina de niebla,
opaca, insepulta,
emparentada carnalmente con el olvido.

Ella es compañera de las golondrinas
que gritan su amor por las calles del cielo,
y saben que vivir es el vuelo más largo
que tendrán que sostener sus alas.

Ella posee el momento, el instante
dormido en el viento de tus labios,
donde fueron engendrados nuestros designios,
me trae el vuelo fresco, satén de la noche,
distancia, música que suena entre las alas.

Vierte tu sombra de pájaro sobre mí,
viaja por encima de las tejas adormiladas,
de los terrados huérfanos de espirales
donde todavía amanece sobre el horizonte.

 

 

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HASTA LA TOTAL EXTINCIÓN

Desde este tiempo carnalmente homicida,
me llueven de golpe todas tus ausencias,
te amo de una forma tan innombrable,
que mis ojos no consiguen alcanzar
la noche enrollada en el silencio.

Las mañanas crecen escarchadas
en los pliegues de tu cuerpo,
el día es eterno en tus palabras,
que a dentelladas felices me muerden
el corazón extinguido en soledades.

Me crecerán lunas menguantes
en la galaxia de los labios,
hasta desaparecer tu sabor,
tú forma tatuada en mi pelaje
de animal prehistórico.

No me quedan armas
con las que cantarte en esta guerra,
sé que cada filo de cuchillo que te escribo
cercenara la epidermis de mi corazón,
mutilará la triste mueca de mi rostro agradecido
hasta la total extinción.

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