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SOY

Soy la sombra al borde de una palabra,
todo lo que apenas se ve
en las ajadas fotografías,
un velado instante detenido en un beso,
en la inmensa composición del universo.

Soy la tinta de este cauce que corre libremente
por el folio con sus alas de sombra,
emitiendo su canto como una ballena jorobada.

Soy la sinrazón cuerda o la locura controlada,
el mechón de cabello que cuelga sobre tus ojos
impidiendo ver la oscuridad intacta que nos nombra,
el otoño sin colores,
                                   sin vegetación,
                                                         sin hojas,
solamente cubierto de ceniza.

Soy el desamor y el amor
que torturas con el anonimato de tus caricias,
la muerte tatuada en una mano,
en alto, pidiendo silencio para estas palabras.

Soy el ausente oblicuo que te ama,
el presente con la palabra en la nada,
el río venal que fluye y desemboca en tu alma.

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NO ME DEBES RESPUESTA

 

 

Estoy esperando la invitación de tus besos
para prolongar mi vida.
No me debes respuesta.

La noche se demora con esa luz infinita
que pueblan tus ojos libres.
No me debes respuesta.

Tus párpados de ángel alimentan de aire
este pecho preparado para morir,
esta ofrenda de piel encallecida.
No me debes respuesta.

Aquí están tus besos,
colgados de mis fatigados labios,
en la negra soledad de esta noche
que me perdurará eternamente.
Recuérdame cuando éramos de piedra.
Y no me debes respuesta.

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NOSTALGIA

La nostalgia se aferra a mi disfraz de hombre,
cubre mi desnudez como una gabardina de niebla,
opaca, insepulta,
emparentada carnalmente con el olvido.

Ella es compañera de las golondrinas
que gritan su amor por las calles del cielo,
y saben que vivir es el vuelo más largo
que tendrán que sostener sus alas.

Ella posee el momento, el instante
dormido en el viento de tus labios,
donde fueron engendrados nuestros designios,
me trae el vuelo fresco, satén de la noche,
distancia, música que suena entre las alas.

Vierte tu sombra de pájaro sobre mí,
viaja por encima de las tejas adormiladas,
de los terrados huérfanos de espirales
donde todavía amanece sobre el horizonte.

 

 

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HASTA LA TOTAL EXTINCIÓN

Desde este tiempo carnalmente homicida,
me llueven de golpe todas tus ausencias,
te amo de una forma tan innombrable,
que mis ojos no consiguen alcanzar
la noche enrollada en el silencio.

Las mañanas crecen escarchadas
en los pliegues de tu cuerpo,
el día es eterno en tus palabras,
que a dentelladas felices me muerden
el corazón extinguido en soledades.

Me crecerán lunas menguantes
en la galaxia de los labios,
hasta desaparecer tu sabor,
tú forma tatuada en mi pelaje
de animal prehistórico.

No me quedan armas
con las que cantarte en esta guerra,
sé que cada filo de cuchillo que te escribo
cercenara la epidermis de mi corazón,
mutilará la triste mueca de mi rostro agradecido
hasta la total extinción.

 

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PUÑALES

Retirad los puñales de mi espalda,
para que sangre por mis heridas
toda esa oscuridad que aprisiona a la tarde.

De mis heridas os salpicaran palabras
que tiznaran mi traje de carne primitiva.
La gramática me sobrevive
en una inusual explosión de locura.

Me quedare agarrado a mi desvarío,
gritándole al viento que no sabía
quien se oculta detrás de la mascara.

Retiradme los puñales,
taponad el verbo descontrolado y genital
mientras llorando, recojo mis silencios
para enfrentarme al miedo.

 

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EL POETA

La lluvia trae desde las calles del cielo,
lágrimas a los ojos del poeta,
injuriado este acude a su Dios cabalgando
en la aurora dolorida de su voz,
enfundado en su disfraz de pureza.

Tiene las medallas soldadas al pecho
como una constelación de estrellas,
y siente en su boca el metálico sonido
de su corazón de hojalata,
no resistirá la emoción de los entierros,
ni las coronas de Todos Santos.
Su corazón metálico navega solo,
latiendo palabras
con las que enamorar a la luna.

 

 

 

 

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ESCRIBIENDO MIRADAS

Mi corazón se abre a ti herido en su canto,
se abre como esas dársenas al mar,
mendigando, pidiéndote la boca de nombre perfecto,
escribiendo con sus palabras rojas,
deletreadas de llanto, el dolor del poema.

Desde la sinrazón que nos une y nos distancia,
disidente de los ojos que ya no miran amanecer,
vengo esclavo a tu verbo, a quemarme
en tus sílabas de espigas doradas.

Tú devoras todo el mar
que yo no soy capaz de darte,
mis tristezas, mis pasiones,
mi existencia,
los latidos sumisos de mi boca.
En ti la luna detiene su ansia blanca
de escribir palabras.

El corazón lentamente desmenuza
el tiempo en un estertor,
en un amago de colapso.
Después nuestra luna será
solo polvo de naufragios,
polvo blanco que nos encanece las cejas,
y unos labios dorados,
tejidos por la luna de septiembre, me besarán
mientras soñando te escribo miradas.

 

 

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