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El gran faraón Thutmés I, perteneciente a la XVIII dinastía, eligió de entre sus hijas a Hatshepsut y la educó como su primogénito para que a su muerte estuviera preparada y ejerciera el poder sobre un Egipto rico y poderoso, la preparación de Thutmés I a quién Hatshepsut veneraba y tomo como patrón para su gobierno, la dotó de una  extraordinaria capacidad administrativa y la convirtió en un hábil e inteligente jefe político.

Esta mujer de carácter enérgico muy similar al de su padre, va a reinar en Egipto durante más de dos décadas. 1479- 1458

Se casó con Thutmés II, un hijo que su padre había tenido con una de las muchas concubinas, el matrimonio y el tiempo de reinado del joven faraón es muy breve y su muerte prematura trunca un mandato muy prometedor y pone a Egipto en una tesitura difícil. Hatshepsut había tenido una única hija, Neferure y el faraón Thutmés II dejo dos hijas y un hijo el cual había tenido con la concubina Iset que tan solo era un niño y no tenia capacidad para poder ejercer el poder y la responsabilidad a la que estaba destinado como Thutmés III. Para asegurar el poder y la gobernabilidad, Hatshepsut hija de Thutmés I, hermana y mujer de Thutmés II, esposa del gran dios, gran esposa real, gobernará Egipto y asumirá la regencia como es voluntad del hijo del faraón hasta su edad adulta.

En el séptimo año cronológico del reinado de Thutmés III, asume totalmente la posición de rey y se convierte en la primera mujer faraón, el pueblo egipcio no esta habituado a un gobierno de este tipo por lo que Hatshepsut toma la decisión de ser faraón y no reina con todos los atributos que esto lleva implícito.

La datación seguía haciéndose sobre los años de reinado de Thutmés III pero siempre asociados a Hatshepsut que adoptará una imagen más masculina, utilizando barbas de madera y los ropajes típicos de su cargo para parecerse a los otros faraones.

En una elaborada ceremonia, profusamente descrita en su templo conmemorativo de Deir el Bahari, se hizo coronar rey del Alto y el Bajo Egipto. En los textos del templo se lee que se proclamó nacida de los dioses y que era directa y legítima heredera de su padre Thutmés I, mencionando a Thutmés II como corregente suyo.

Hatshepsut era una mujer muy hermosa, su momia, una de las más impresionantes conserva la larga melena y se adivinan unos rasgos faciales enérgicos y poderosos no carentes de la delicadeza femenina.

El reinado de Hatshepsut se desarrolla en un periodo de paz que utiliza para una gran gestión económica de Egipto y para desplegar una gran actividad constructora con el apoyo influyente del gran clero de Amón y de los sabios consejos de Senenmut, arquitecto y mayordomo real de quién se piensa que fue amante de la reina.

La gran obra de Hatshepsut, es sin duda el templo de Deir el Bahari, Djeser-djeseru. “El más sagrado de los sagrados” como lo llamaban los antiguos egipcio. Construido en la misma línea axial que el templo de Amón en Karnak,  situado en una especie de anfiteatro natural de la montaña Tebana, erosionado por el viento y dominado por el pico de el-Qurn  “el cuerno”.

El templo de Deir el Bahari es totalmente diferente a otros templos del Reino Nuevo y único el la arquitectura egipcia, la rampa que sube hacia el templo y se va abriendo en terrazas sucesivas para encontrarnos con un edificio de líneas rectas maravillosamente integrado en el acantilado con sus inmensas grietas y que sobrecoge  por su impresionante belleza y perfecta proporción.

La gran reina faraón Hatshepsut, pudo contemplar desde sus terrazas la calzada que salía del templo del valle y que con una anchura de 13 metros y 400 de longitud estaba decorada con estatuas y esfinges de 7,5 toneladas y 3 metros de longitud.

La reina murió en extrañas circunstancias en el vigésimo segundo año del reinado de Thutmés III quien a su muerte mando borrar el nombre de la reina de todos los lugares públicos. A pesar del odio del joven faraón hacia Hatshepsut, Thutmés III no mando destruir el templo de Deir el Bahari, el mayor símbolo de la reina-faraón, pero si hizo esculpir su nombre sobre los monumentos para borrar de la historia a Hatshepsut.

Se ha encontrado la tumba de Hatshepsut. Es la primera que se cavó en el Valle de las Reinas. Llega hasta más de cien metros debajo de la tierra y no tiene ni textos ni representaciones. Contenía los sarcófagos de Hatshepsut y de su padre, Thutmés I. Pero Hatshepsut, cuando llegó a faraón mandó construir otra tumba en el Valle de los Reyes. Hapuseneb, sumo sacerdote de Amón, se encargó de hacerlo.

Poco antes del repaso final a este texto, desde El Cairo me llega la noticia, que ya había adelantado la difunta arqueóloga alemana Elizabeth Thomas, que una de las dos momias halladas por el descubridor de la tumba de Tutankamón en 1922, Howard Carter, en la tumba numero 60 del Valle de los Reyes, era la de Hatshepsut, la reina faraón. En la tumba fue hallada una momia dentro de un sarcófago identificada como los restos de Sitra, el ama de cría que amamantó a Hatshepsut. A su lado se encontró una segunda momia sin identificar, a pesar de tener el brazo doblado sobre el pecho en señal de pertenecer a la nobleza.

La prueba determinante para su identificación ha sido una caja de madera con el nombre del trono de Hatshepsut, hallada en Deir El Bahari con vísceras (un estómago y un hígado) y una muela.

Después de las múltiples pruebas a las que fueron sometidas cuatro de las momias, se confirmó que la de la tumba 60 pertenecía a Hatshepsut, la reina faraón.

A la salida del templo la luz solar es cegadora y el calor agobiante machaca nuestros cuerpos sin piedad, a pesar de ser poco más de las once de la mañana, nuestra inseparable botella de agua se hace ahora más necesaria que nunca. Deir el Bahari es uno de los lugares más calientes de nuestro planeta, (Recientemente se recogieron temperaturas de 55º c).

Decidimos pasar por una de las tiendas que hay fuera del perímetro del templo, que está todo vallado para impedir que los vendedores se metan hasta dentro a vender a los turistas y entablo un regateo con uno que va cargado de pañuelos de algodón egipcio. Los pañuelos son largos y suaves justo lo que yo buscaba. Mi cara me delata lo que aprovecha el egipcio para pedir un precio desorbitado, a lo cual respondo que se los guarde que los compraré en otra tienda más adelante. Hago el amago de irme y me pide que le diga un precio, yo le ofrezco diez euros por cada pañuelo, pero el árabe se empeña tozudamente en cobrarme sesenta euros por los dos pañuelos, comienza un tira y afloja a través del cual nos va metiendo poco a poco a Mary y a mí dentro de la tienda. Nos obsequia dos escarabajos de seudo alabastro blanco para ablandar nuestros corazones pero yo no transijo y le ofrezco veinte euros por los dos. Sólo la llamada precipitada de Ahmed me impide pagar menos de los treinta euros que al final me cuestan.

En el autobús los compañeros nos jalean por nuestra tardanza y nos excusamos argumentando el secuestro del tendero. Ahmed es testigo.

De nuevo nos ponemos en marcha, abandonamos Deir El Bahari esta vez camino del valle de las reinas, Wadi El Malekat como se conoce en árabe, última morada de la reina Nefertary. Aunque los antiguos egipcios lo conocían como Ta-set-neferu, que podría traducirse como “el lugar de los hijos del faraón” o “el lugar de la belleza”.

Al partir, un último recuerdo para los más de sesenta turistas de diferentes nacionalidades asesinados en esta explanada el 17 de noviembre de 1997 por el grupo terrorista islámico Al Gamaa Al Islamiya.

 

 

 

Bibliografía

Egipto : Alessia Fassone, Enrico Ferraris

Los tesoros de Luxor y el Valle de los Reyes : Kent R. Weeks

Arte y Arquitectura  Egipto: Matthias Seidel y Regine Schulz

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