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HOY PODRIA

Si solo existiese un folio blanco
sobre la eterna mesa de la luna,
lo usaría para crear
una pajarita verso de papel,
pues en los recodos de mis sueños
viajan mis poemas que apenas
precipito cuando se alza mi voz.

Hoy podría mirarme las venas
en los espejos de mis gritos,
aunque repetitivos, lanzasen la imagen
del Dios de la ira o la lujuria,
hoy podría, pero lo dejaré
para cuando mi garganta
sueñe con mujeres de rosa pálido.

Busco la verdad de los días
y se me acerca la oscuridad,
la noche insomne, duradera,
apagando con sus minutos de mentira
esa realidad que enaltece al día.

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SOLO EN TI

Cuando pienso y no digo que te quiero,
y el tiempo se desliza entre nosotros
dejando ese ronroneo de soledad y tristeza.

Cuando te beso, y tus ojos me devuelven
la sonrisa que hace llorar mis manos.

Cuando las lágrimas anegan mis recuerdos,
los pensamientos ateridos de frío,
y pones la mano sobre mi rostro.

Cuando te sueño, y el recuerdo
se desvanece apenas me despierto.

Cuando tu luz viaja entre mis versos,
y me hace sentir como un niño desvalido.

Cuando te abrazo, y tu corazón canta
la música de mis días perdidos.

Cuando todo se rompe dentro de mi pecho,
y tu voz aplaca mi feroz angustia.

Cuando me faltas un día,
y pienso que ha pasado toda una vida.

Descubro que solo en ti mi vida continúa.

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SIN ELLA

 

El otoño llama con su aldaba de tonos grises,
y los coros suenan en las catedrales a Norah Jones.
La melancolía se instala plácidamente en sus nidos
con terrazas y vista al futuro,
como cigüeñas desposadas a perpetuidad.

Las calles están somnolientas
y en los soportales,
ocultan su rostro las sombras
para no desaparecer.
Mis pasos percuten en los adoquines
con ese sonido tan peculiar,
como un solo de tambor
al inicio de la Marcha Radetzky,
o una danza de claque,
las heridas de la ciudad recorre mi baile sonoro
deteniéndose en las esquinas,
y disfrazando su sonido de melodía
pregunta por ella en voz baja,
por la dama del sombrero,
la pamela de mis sueños.

Mis ojos, salto de agua espumoso,
vidriados, no aprecian su contorno,
mis labios no saben pronunciar el silencio,
y mi voz, como un atardecer rojizo,
va ocultando el sonido
de su nombre en el horizonte,
apagándose hacia adentro
como una llama sin aire.

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DISFRAZO EL CORAZÓN

 

Disfrazo el corazón de guirnaldas,
clausuro el páncreas del flujo maligno
que impregna las acciones cotidianas.
El amor, como un chocolate caliente
que desborda de buenos deseos,
salpica las corbatas festivas,
los turbantes blancos de gala.
La purpurina adherida en los labios
hace brillar los besos ausentes,
o semi-ausentes que es igual,
los que se niegan el resto del año.
Feliz Navidad grabado en los paquetes,
brilla en el neón de los anuncios multitudinarios,
en los escaparates de las farmacias,
donde bolas irisadas
penden colgadas de la cruz verde.

Disfrazo el corazón de papel charol,
para matar con su brillo a seres de tierras lejanas,
para deslumbrar a la miseria dueña de la guerra,
para envolver la conciencia diaria,
conciencia que apagamos con el mando a distancia,
desde Alepo hasta Alemania
de Turquía a New York.
Las calles se encienden con la voz de Frank Sinatra,
luces que brillan apagando el mundo,
mundo que la humanidad fotografía
dejando fuera de cuadro a la niña descalza,
el frío con la mano extendida.

Disfrazo el corazón de recién nacido,
Belén viviente, estrella orientativa,
para encontrar a personas que dan sin tener nada,
que besan en los ojos tras recibir una bala,
que mueren llorando debajo de cruces taladas.

Disfrazo el corazón de oropel y fantasía,
para decorar todos los minutos tristes
y soñar con esos días de eterna primavera,
donde pasear por la felicidad
se convierta en la vereda diaria,
en el camino de baldosas amarillas
por el que nuestros deseos viajen juntos,
al país de nunca jamás,
a la tierra donde mana leche y miel,
al cementerio de los libros olvidados
donde nos olvidaremos nosotros también.

Disfrazo el corazón de verso maldito,
y se me queda anclado en la garganta,
esperando la fuerza del grito para salir impelido
y parar con su sonido el grito de las espadas.
Espadas que parten en dos las grandes cenas,
la opulenta y la mísera,
la del gozo y la que es solo subsistencia,
donde muere de inanición mi verso maldito.

Disfrazo el corazón de hipocresía,
donde todo es doblez, falsedad, disimulo, astucia.
¡Oh bendita hipocresía!
Un pobre parte mi pan sólo este día,
día donde decir paz, amor, felicidad,
es moneda de canje por un perdón celestial,
o terrenal,
o miseral,
que más da.

Cansado de máscaras y danzas mi corazón
Tiene casi todos los latidos de perdón agotados.

Disfrazo mi corazón de Feliz Navidad o de nada.

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LAS BOCAS DEL SILENCIO

 

Tiene afiladas bocas
que mienten el silencio,
mienten taimadamente
sin voz,
hablando con un silencio ensordecedor,
con una ausencia que lo llena todo.

Suenan a pasado los besos
en la boca del silencio
y amarga se hace la espera en sus labios
cuando el canto no tiene voz.

El silencio tiene las manos ciegas,
sin tacto,
sus dedos repasan la piel hecha soledad
punteando los acordes en el cuerpo
y quedamente a nuestro lado pasan sus caricias.

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ESCRIBO PARA OÍR SU VOZ

 

Escribo desde mi silencio sin saber que lo escribo,
sobre el papel deposito las palabras
que mi caligrafía recorre sin ruido,
soportando el peso de sus tildes lo llevo a cuestas
y trazo el final de la frase dejando mis manos a la deriva,
como un bajel sin gobernalle,
como una ola dormida que no tiene donde romper.

No me caben más silencios en el centro del corazón,
mis ventrículos han cesado ya el bombeo de adjetivos
y por mis venas solo discurre un silencio ominoso
que alimenta los riñones, las piernas, los ojos
haciendo que callen los sonidos de la razón.

Escribo para oír su voz con sabor a verano
y recordar como era el sonido de las espirales
acompasadas a Norah Jones,
espirales que llenaban con sus cantos los espacios dormidos,
los terrados lunares
y abrazaban el árbol del amor.

Escribo con las uñas afiladas para provocar el grito,
para acabar con ese silencio que habita en el papel,
que llena de ausencia mis sentidos
y borra las letras que casi ya ni escribo.

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SOLO EL AMOR ES MÁS PODEROSO QUE LAS PALABRAS

 

Los dedos recorren silentes
ese áspero trazo que se demora en las palabras
después de haber sido escritas,
efímeras cicatrices que se agitan
y tiemblan para ser leídas.

No es la verdad lo que recitan,
solo quimeras de la realidad que imaginan,
retazos de pasión que la tinta impregna
y difumina convirtiéndolos en verdad absoluta.

Solo el amor es más poderoso que las palabras.

Tan solo el amor se graba indeleble
en los folios de carne viva,
en la piel donde mis besos gritan.

Los ojos deletrean desde su ceguera,
una y otra vez los versos mordidos en tu cuerpo
a dentelladas de amor,
a bocados de ausencia.

Me alimento frugalmente de ese silencio
que permanece escrito en la distancia.

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