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DEL ECO DEL CORAZON

Del eco del corazón me viene una melodía,
una canción que apenas reconozco
y su sonido es tan perfecto.

Mis dedos trenzan la luz de tu cuerpo,
adivinan el silencio que tu voz repite,
hay húmedas colisiones que se adueñan del pecado
y llenan mi pecho de tu respiración.

Nuestros labios recitan la oración de los besos
mirando tercamente a los astros,
compartiendo el ácido sabor de los sueños
condenados al destierro cada amanecer.

Es invisible, casi la contracción de un suspiro,
pero el movimiento aéreo de los cuerpos
tiene la belleza de los atardeceres rojos,
la pasión de la noche cubriendo el cielo.

 

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EL DESEO DE AMARTE

Deseo amarte en esta geografía de estrellas desnudas,
en esta noche donde la luna
persigue caricias furtivas en el agua,
temblando, irisando la superficie.

Deseo besarte desde los labios hasta el mar,
hasta el océano que anega tu anatomía sin velas,
sin barcos, sin luces en el horizonte,
navegando por tu boca mientras tu sonrisa duerme.

Deseo que tus ojos de oleaje inmenso,
de acantilado bravío, se vacíen hacia mí
en una cascada de lujuria y venas rotas,
en una colisión donde naufrague mi cuerpo
ahogando todas sus miserias.

El pasado se me acaba,
solo celebro el deseo de amarte, besarte,
esconder mi vida dentro de tus retinas.

 

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NADA SÉ DE TI

Nada sé de ti, de tu cuerpo aéreo,
de tu nombre impregnado en mil bocas,
del marfil contorno de tus caderas
que corona mis sueños.

No sé nada, y no puedo poseer
la bruma de la que estas hecha
y en la que se esconden mis ojos, inútiles,
persiguiendo en su ceguera
la corona de tu belleza.

De estas miserias estoy construido,
y me duele el cáncer del verbo que amamanto,
el hueso tronchado del alma.

Nada sé de ti,
de ese mar que tu cuerpo rompe
en la escollera de mis brazos,
nada sé, es verdad,
pero alguien me hablará de tu nombre,
de tu universo invisible
cuando al partir recolecte las estrellas.

 

 

 

 

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NO ME CABE

No me cabe en el corazón
la velocidad interminable de tus mañanas,
ni el mar cuajado de luz
que me regalan tus besos.

No me cabe en la geografía
descolorida del pecho,
el aire que te circunda y posee,
ni el rezo imperceptible de tus dedos.

No me cabe en el contorno de la piel
el tatuaje de tus caricias,
ni el otoño que nace
en las sombras de tu mirada.

No me cabe en los ojos
el dibujo de tu belleza reflejada por la luna,
ni la ancestral danza de tu vestido al acostarse.

Me cabe tu amor como un océano
de madrugadas en la boca,
impidiéndome morir de asfixia.

 

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CICATRICES DE TINTA

Es posada mi amor de esos versos
que riman sobre tu piel salvaje,
los lanzo como ósculo incompleto, besos
que se posan en tus labios con coraje.

Tus caderas de alas transparentes
responden a la lluvia del poema,
y clavan su espada de filos ardientes
poseyendo mi cuerpo como un anatema.

No tengo lunas que iluminen el soneto,
y que aniden en el pecho de tus vientos
pero puedo amar tus ojos, lo prometo.

Abren cicatrices de tinta mis manos
siempre adictas al sabor de los momentos,
líneas prisioneras de voces con sonidos hermanos.

 

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LA GUERRA DE LAS PALABRAS

En cual de las inútiles guerras
disparaste tu verso hermano poeta,
que torso acribillaste con tus disparos,
con tus lanzas emponzoñadas de verbo.

El machete locuaz deletrea la carne,
el corazón sigue latiendo fuera del pecho.

La muerte se ríe del beso de tu voz,
de la acuarela de tus palabras
que cae salpicando desde los ojos.

Hermano, los mercaderes de lo absurdo
venden sus bombas a bajo precio,
muerte incierta, desdén, coraje.

Es el otoño de los carnavales
que se acerca reptando por el tiempo,
la oración de los ausentes.

 

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SOY

Soy la sombra al borde de una palabra,
todo lo que apenas se ve
en las ajadas fotografías,
un velado instante detenido en un beso,
en la inmensa composición del universo.

Soy la tinta de este cauce que corre libremente
por el folio con sus alas de sombra,
emitiendo su canto como una ballena jorobada.

Soy la sinrazón cuerda o la locura controlada,
el mechón de cabello que cuelga sobre tus ojos
impidiendo ver la oscuridad intacta que nos nombra,
el otoño sin colores,
                                   sin vegetación,
                                                         sin hojas,
solamente cubierto de ceniza.

Soy el desamor y el amor
que torturas con el anonimato de tus caricias,
la muerte tatuada en una mano,
en alto, pidiendo silencio para estas palabras.

Soy el ausente oblicuo que te ama,
el presente con la palabra en la nada,
el río venal que fluye y desemboca en tu alma.

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