sombrero26

 

BESANDO

Mis manos leen tu cuerpo besando,
besando,
rincones y pliegues besando,
en una explosión de colores ancestrales,
besando,
labio a labio mis dedos se hacen dueños,
besando,
prometiéndonos la piel del universo,
besando,
cuando el ocaso cierre con urgencia sus colores,
besando.

Besando tu cuerpo mis ojos se velan
como un negativo al sol,
como una tormenta
que destiñe el color de las nubes,
besando,
besando tú boca es el festín de la retina,
guarda silencio, no temas,
las hojas caerán sobre nuestras palabras,
besando,
para dejarlas escritas al borde de nuestra voz.

En ti me suena el verbo y el corazón,
y me cantan los sicarios de la noche
una pena desgastada,
un amor,
besando,
simplemente besando.

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sombrero25

 

LA VOZ DE TU SILENCIO

Mis hojas vienen sangrando palabras nuevas,
soledad de nieve,
muslos de paredes blancas, cinceladas
en la habitación de mi noche.

Otórgame un pulso poderoso de tu corazón
con el que poder golpear a la mañana,
un latido que dé vida a los cuerpos
dormidos de los árboles,
dame el ademán de tu ira,
para doblegar a la tristeza
que me mira directamente a los ojos.

Deja que sea tu boca, patrón salino,
la que me cierre los párpados del sueño,
no malgastes tus lunas conmigo,
para marcharme,
solo me bastaría la voz de tu silencio,
pero tu cuerpo tiene sonidos que me detienen,
distintos campos de batalla,
playas que tomar,
alambradas que cruzan nuestro destino.

Cuando el silencio nos nombre,
tenemos que estar preparados para responder.

 
sombrero24

 

 

MORIR O MATAR

Me perdono la vida en cada
recuerdo que trazo como un suicidio,
he afilado las navajas de mi estirpe,
he cubierto mi cuerpo con satenes de guerra,
morir o matar empuñando el verbo como espada.

Piérdete conmigo, aquí estoy,
con mis edades tempranas henchido de silencios,
esperando que la noche borre mí sombra.

Mis ojos no se cansan nunca de mirarte.

Mis labios poseen el viento de tus besos
que en las tardes parpadeadas de sol otoñal,
me otorgan ese cielo particular
cuajado de todas las cosas hermosas de Dios.
Dulce tristeza que me reconoce.

Morir o matar, ser la palabra que persigue tu boca,
los silencios que planean
sobre tus senos de tierra hostil,
la húmeda sensación de lo prohibido.

He perdido la distancia de tu olvido,
el pasado reclama el crepúsculo de mis pies,
morir o matar, tendré que desterrarte de mi libro.

sombrero23

 

AMOR O LOCURA

Amor o locura, en qué lado conservar la cordura.
La mujer leyó en los posos de mi sangre
como una falsa pitonisa de feria.
Era un domingo ceniciento.
Por las caderas circulaban manos
evadiendo controles de alcoholemia,
desnudando las carreteras de tu cuerpo.

No quiero todas las mañanas desertadas de la noche,
me conformo con una que te contenga a ti,
unos ojos, una luz que soporte nuestros ritos,
una boca que abarque el universo,
unos besos sin nombre.
Todo se repite.

Si tuviera una vida más allá de esta,
no me importaría morirla contigo.

sombrero22

 

MISERABLE

Miserable amor que me aparta del poema,
miserable,
cada verso,
cada línea,
miserable como una Vía Láctea o camino
que recorre el universo sin encontrarte,
miserable.

La luna besa mis ojos cuando la olvido,
y en el globo ocular que habito,
miserable,
me tira piedras que delatan mi sangre.
Se ríe de mí. No es olvido.

El viento, miserable, preñado con tu goce
susurra palabras profundas
que solo te nombran a ti,
en las mañanas, miserables.
Quejándose.

Te reclamo desde el lecho descarnado de mi voz,
y tu luz se descuelga de mis sueños
miserables, traspasando mi dormitorio,
imitando su reflejo en la ventana,
mi risa cuenta la lluvia.
Y no es canto.

sombrero21

DESPIERTO COMIENZO

No son suficientes mis ojos para mirarte,
mientras la noche teje sus historias sobre ti
susurrando versos incoherentes,
te vi, casi te estoy viendo,
semi-escrita en la niebla que oxida mi voz.
Despierto comienzo,
y las lágrimas se me borran de la memoria
con olor a incienso,
la herida es de mármol,
de cirios de piedra,
mi camino es el pálpito del corazón
para morir como el día,
en un parpadeo infinitesimal,
en una oración,
mordiendo el horizonte sin prisa.

Y queda tan lejos todavía el verano.

 

 

sombrero20

 

 

DEL ECO DEL CORAZON

Del eco del corazón me viene una melodía,
una canción que apenas reconozco
y su sonido es tan perfecto.

Mis dedos trenzan la luz de tu cuerpo,
adivinan el silencio que tu voz repite,
hay húmedas colisiones que se adueñan del pecado
y llenan mi pecho de tu respiración.

Nuestros labios recitan la oración de los besos
mirando tercamente a los astros,
compartiendo el ácido sabor de los sueños
condenados al destierro cada amanecer.

Es invisible, casi la contracción de un suspiro,
pero el movimiento aéreo de los cuerpos
tiene la belleza de los atardeceres rojos,
la pasión de la noche cubriendo el cielo.

 

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