sombrero31

 

LA NOCHE

La noche, ese tiempo donde soy
un hombre con el traje perforado de soledad,
donde busco incansable la magia de tu boca,
y solo encuentro el rostro de la luna, mudo testigo,
astro abandonado en el perdido sueño del poeta.

La noche siempre me escribe lentos atardeceres,
a dentelladas, encierra la luz entre las nubes
ocultando en ellas su otro nombre. Oscuridad.

Las sombras me visten con tu desnudo recuerdo
de mujer acurrucada en mis sueños,
y en las calles me esperan todos los besos olvidados.

Todavía tengo promesas que cumplir
aparcadas en las plazas azules del otoño,
en ese tiempo que dilata
la noctumbre en la que habito,
cuando el día despierta el color de los cristales,
y la noche comienza a perder todas sus luces.

 

sombrero30

 

EN EL LÍMITE DE LA GARGANTA

El polvo de mi memoria
consume los calcinados recuerdos,
palabras que el viento de mi voz
adorna en la intemperie del olvido.

Estoy habitado por la costumbre furtiva de ti,
por esa doble luna que se oculta
en el horizonte azabache de tus ojos.
Los amuletos golpean mi torso,
repiten tu nombre de enfermedad impía,
las arterias se cansan de consolar al corazón,
reniegan de su sangre con un llanto,
ahogan la voz en el principio de la boca.

Quiero cantar los verbos más altos de la hermosura,
rememorar los tatuajes
en el roce fugaz de nuestros cuerpos,
reconciliarme con el verso,
incinerarme con el mientras muere,
una vez más,
en el límite de la garganta.

 

sombrero29

AMO

Amo a esa mujer de secretos atardeceres,
que resbala por mi piel
dilatando las sombras,
que con la mirada esconde
conversaciones en mi boca,
monólogos en el corazón.

La amo por ser la guardiana
de los vientos que envuelven al cielo,
mientras despliego las alas y vuelo
en la comisura de sus labios.

Cuanto la amo,
desde la infancia de los besos
hasta el eclipse total de los espejos.

La amo con rabia,
con dulzura,
con ansia,
como si el tiempo de mi lengua
estuviera a punto de caducar.

La amo,
desde las almohadas sonámbulas,
desde mis sueños incinerados de luna.

Amo a esa mujer tejida de flores blancas,
empapada de ritos milenarios,
que no ha roto todavía
la última queja de mi corazón.

 

sombrero28

 

ME DUELE

Derramo mis noches en las calles
empedradas de tu ausencia,
donde la marea deja
espumas de tu alma,
me duele la estación sin fin,
hambrienta,
me duele tanto quererte.

Me duele tu beso perdido,
tu caricia casi olvidada,
me duele el bello canto de tu cuerpo,
acordes de blues y magia,
infinita canción que mide la vida,
eterno sonido que me acompaña.

Me duele tanto no ser tu mirada,
transparente hechizo,
condena sagrada,
ala rota que sangra el poema.

sombrero27
SILENCIO
Hay muertes que persiguen la palabra.
Silencio.
El infinito tiembla con los cuerpos.
Silencio.
Soy recluso de los besos del ayer,
y en el santuario de mi sueño
los releo una y otra vez.
Silencio.
La poesía cauteriza las palabras.
Silencio.
Quiero ser el aplauso que dé vida a tu voz,
y no la bala en mitad de las pupilas.
Silencio.

 

sombrero26

 

BESANDO

Mis manos leen tu cuerpo besando,
besando,
rincones y pliegues besando,
en una explosión de colores ancestrales,
besando,
labio a labio mis dedos se hacen dueños,
besando,
prometiéndonos la piel del universo,
besando,
cuando el ocaso cierre con urgencia sus colores,
besando.

Besando tu cuerpo mis ojos se velan
como un negativo al sol,
como una tormenta
que destiñe el color de las nubes,
besando,
besando tú boca es el festín de la retina,
guarda silencio, no temas,
las hojas caerán sobre nuestras palabras,
besando,
para dejarlas escritas al borde de nuestra voz.

En ti me suena el verbo y el corazón,
y me cantan los sicarios de la noche
una pena desgastada,
un amor,
besando,
simplemente besando.

 

sombrero25

 

LA VOZ DE TU SILENCIO

Mis hojas vienen sangrando palabras nuevas,
soledad de nieve,
muslos de paredes blancas, cinceladas
en la habitación de mi noche.

Otórgame un pulso poderoso de tu corazón
con el que poder golpear a la mañana,
un latido que dé vida a los cuerpos
dormidos de los árboles,
dame el ademán de tu ira,
para doblegar a la tristeza
que me mira directamente a los ojos.

Deja que sea tu boca, patrón salino,
la que me cierre los párpados del sueño,
no malgastes tus lunas conmigo,
para marcharme,
solo me bastaría la voz de tu silencio,
pero tu cuerpo tiene sonidos que me detienen,
distintos campos de batalla,
playas que tomar,
alambradas que cruzan nuestro destino.

Cuando el silencio nos nombre,
tenemos que estar preparados para responder.

A %d blogueros les gusta esto: