sombrero28

 

ME DUELE

Derramo mis noches en las calles
empedradas de tu ausencia,
donde la marea deja
espumas de tu alma,
me duele la estación sin fin,
hambrienta,
me duele tanto quererte.

Me duele tu beso perdido,
tu caricia casi olvidada,
me duele el bello canto de tu cuerpo,
acordes de blues y magia,
infinita canción que mide la vida,
eterno sonido que me acompaña.

Me duele tanto no ser tu mirada,
transparente hechizo,
condena sagrada,
ala rota que sangra el poema.

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sombrero27
SILENCIO
Hay muertes que persiguen la palabra.
Silencio.
El infinito tiembla con los cuerpos.
Silencio.
Soy recluso de los besos del ayer,
y en el santuario de mi sueño
los releo una y otra vez.
Silencio.
La poesía cauteriza las palabras.
Silencio.
Quiero ser el aplauso que dé vida a tu voz,
y no la bala en mitad de las pupilas.
Silencio.

 

sombrero26

 

BESANDO

Mis manos leen tu cuerpo besando,
besando,
rincones y pliegues besando,
en una explosión de colores ancestrales,
besando,
labio a labio mis dedos se hacen dueños,
besando,
prometiéndonos la piel del universo,
besando,
cuando el ocaso cierre con urgencia sus colores,
besando.

Besando tu cuerpo mis ojos se velan
como un negativo al sol,
como una tormenta
que destiñe el color de las nubes,
besando,
besando tú boca es el festín de la retina,
guarda silencio, no temas,
las hojas caerán sobre nuestras palabras,
besando,
para dejarlas escritas al borde de nuestra voz.

En ti me suena el verbo y el corazón,
y me cantan los sicarios de la noche
una pena desgastada,
un amor,
besando,
simplemente besando.

 

sombrero25

 

LA VOZ DE TU SILENCIO

Mis hojas vienen sangrando palabras nuevas,
soledad de nieve,
muslos de paredes blancas, cinceladas
en la habitación de mi noche.

Otórgame un pulso poderoso de tu corazón
con el que poder golpear a la mañana,
un latido que dé vida a los cuerpos
dormidos de los árboles,
dame el ademán de tu ira,
para doblegar a la tristeza
que me mira directamente a los ojos.

Deja que sea tu boca, patrón salino,
la que me cierre los párpados del sueño,
no malgastes tus lunas conmigo,
para marcharme,
solo me bastaría la voz de tu silencio,
pero tu cuerpo tiene sonidos que me detienen,
distintos campos de batalla,
playas que tomar,
alambradas que cruzan nuestro destino.

Cuando el silencio nos nombre,
tenemos que estar preparados para responder.

 
sombrero24

 

 

MORIR O MATAR

Me perdono la vida en cada
recuerdo que trazo como un suicidio,
he afilado las navajas de mi estirpe,
he cubierto mi cuerpo con satenes de guerra,
morir o matar empuñando el verbo como espada.

Piérdete conmigo, aquí estoy,
con mis edades tempranas henchido de silencios,
esperando que la noche borre mí sombra.

Mis ojos no se cansan nunca de mirarte.

Mis labios poseen el viento de tus besos
que en las tardes parpadeadas de sol otoñal,
me otorgan ese cielo particular
cuajado de todas las cosas hermosas de Dios.
Dulce tristeza que me reconoce.

Morir o matar, ser la palabra que persigue tu boca,
los silencios que planean
sobre tus senos de tierra hostil,
la húmeda sensación de lo prohibido.

He perdido la distancia de tu olvido,
el pasado reclama el crepúsculo de mis pies,
morir o matar, tendré que desterrarte de mi libro.

sombrero23

 

AMOR O LOCURA

Amor o locura, en qué lado conservar la cordura.
La mujer leyó en los posos de mi sangre
como una falsa pitonisa de feria.
Era un domingo ceniciento.
Por las caderas circulaban manos
evadiendo controles de alcoholemia,
desnudando las carreteras de tu cuerpo.

No quiero todas las mañanas desertadas de la noche,
me conformo con una que te contenga a ti,
unos ojos, una luz que soporte nuestros ritos,
una boca que abarque el universo,
unos besos sin nombre.
Todo se repite.

Si tuviera una vida más allá de esta,
no me importaría morirla contigo.

sombrero22

 

MISERABLE

Miserable amor que me aparta del poema,
miserable,
cada verso,
cada línea,
miserable como una Vía Láctea o camino
que recorre el universo sin encontrarte,
miserable.

La luna besa mis ojos cuando la olvido,
y en el globo ocular que habito,
miserable,
me tira piedras que delatan mi sangre.
Se ríe de mí. No es olvido.

El viento, miserable, preñado con tu goce
susurra palabras profundas
que solo te nombran a ti,
en las mañanas, miserables.
Quejándose.

Te reclamo desde el lecho descarnado de mi voz,
y tu luz se descuelga de mis sueños
miserables, traspasando mi dormitorio,
imitando su reflejo en la ventana,
mi risa cuenta la lluvia.
Y no es canto.

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